¿Tiene que ser innovadora la idea de un emprendedor? (1)

Cuando veo a un emprendedor esforzándose por demostrar lo innovadora que es su idea en vez de centrase en los factores claves del éxito de su proyecto me siento un poco culpable. Se ha dicho y escrito tantas veces que los proyectos de emprendimiento tienen que ser innovadores que esto se ha convertido para algunos en un dogma y lo que es peor: en un dogma distorsionado.

En muchos proyectos la innovación forma parte de las claves de su éxito, pero sólo cuando propicia sus ventajas competitivas. He asistido a presentaciones en las que se exponen ampliamente las innovaciones propuestas: del diseño del producto, de su envase, de las prestaciones de los servicios, etc, pero sin vincularlas a la competitividad del negocio, o sea, la “innovación por la innovación”, aunque no valga para nada.

También hay multitud de proyectos empresariales de gran éxito que no tienen ningún elemento innovador, muchos de ellos conocidos, pero de esto nos ocuparemos en otro momento.

En otra entrada de este blog (ver “¿En qué consiste la idea de un emprendedor?”) ya razonamos que la idea de un emprendedor no es más que una oportunidad de negocio que ha detectado, para la que ha concebido una forma de aprovecharla y tiene capacidad para hacerlo con éxito. El carácter innovador de esa idea está en los elementos que confieren ventajas competitivas. Si la innovación no genera ventajas competitivas al negocio no vale para nada. He conocido innovaciones inútiles, casi todas dirigidas a resolver necesidades que no existen.

En 1967 Philip Kotler definió el modelo que permite definir la estrategia de posicionamiento de un negocio y las bases de la comercialización de sus productos o servicios, consistía en responder a cuatro preguntas: ¿qué productos vender?, ¿a qué precio?, ¿por qué canal (place)? y ¿cómo promoverlos?, por esta razón se le conoce como “las 4 P´s”. Este modelo partía de la oferta, pero la evolución del mercado ha puesto en el centro al cliente por lo que el modelo ha evolucionado a “las 4 C´s”, que responden a: ¿qué valor aportar al cliente?, ¿a qué coste lo va a adquirir?, ¿cuál es la forma más conveniente de hacerlo? y ¿cómo comunicarse con el mercado?.

Las ventajas competitivas de un negocio se manifiestan en uno o en varios de estos cuatro elementos. Entonces la innovación debe:
• Aumentar el valor que se entrega al cliente;
• Reducir el coste de adquisición por el cliente;
• Distribuir el producto o prestar el servicio de forma más conveniente para el cliente y/o
• Mejorar la comunicación con los clientes y potenciales clientes.

Poner ejemplos de innovaciones que generan ventajas competitivas en cada uno de estos elementos dilataría excesivamente esta entrada, así que mejor lo dejamos para otra ocasión.

El punto de partida está en comprender con claridad cuáles son las necesidades reales de los clientes para aportarles el mayor valor posible. Cuando esto no ocurre podemos concebir (y hasta poner en marcha) innovaciones que no aportan más valor al cliente, no generan ventajas competitivas, son por ello inútiles y nos llevan al fracaso.

Si no eres capaz de demostrar que tu idea innovadora genera ventajas competitivas al menos en uno de los elementos del modelo de posicionamiento estratégico del negocio, mejor déjala, busca otra oportunidad, pero recuerda que puede haber ideas no innovadoras que te permitan aprovechar esa oportunidad con gran éxito.

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