Stella Astilleros

“Normalmente las ideas de negocio suelen estar caracterizadas por la innovación y la originalidad. Pero yo he de reconocer que no es ese mi caso;

En primer lugar, la idea de Stella Astilleros que gracias a Business In Fact está empezando a ser una realidad, no es innovadora, pues de hecho es a lo que me he dedicado durante toda mi vida profesional, a diseñar, fabricar y vender embarcaciones de recreo. La novedad es que este nuevo astillero nace con dos peculiaridades; la primera es la de dedicarnos a fabricar exclusivamente embarcaciones de iniciación a la náutica, sector que a pesar de la crisis, sigue manteniendo una considerable demanda. Y por otro lado una peculiar estructura de empresa, en la cual se subcontratan casi todos los procesos productivos de tal forma que la mayoría de gastos son variables, en función de ventas.

En segundo lugar la idea es poco original, o cuando menos poco “glamourosa”, pues de hecho surgió comprando una cuba para uno de los tractores de la familia. Os cuento la historia:

En 1992 me compré en Canarias un viejo yate de vela desahuciado de apenas 6 mtrs. por 100.000 ptas ( 600€ ). Después de unos meses de divertido bricolage, algo de pintura, y mucho amor, volvió a navegar, y lo más curioso es que mucha gente empezó a ofecerme hasta un millón de pesetas ( 6.000€ ) por algo que no dejaba de ser un cascarón de fibra de vidrio con más de 30 años.

Pronto entendí porqué estaban dispuestos a pagar tanto por un barco usado, y era debido a la escasa y carísima oferta de un producto; los yates de vela, que para adquirirlo había que importarlo de Francia.

Lo que seguía sin entender, sobre todo después de haber restaurado yo mismo mi yate, era por qué un yate nuevo costaba hasta diez veces más que los materiales con los que estaba fabricado, y menos todavía por qué nadie los fabricaba en España a un precio, que permitiendo ganar dinero, fuese asequible, o al menos razonable.

Llegué a la conclusión de que o estaba muy equivocado, y me faltaban elementos de juicio, o ciertamente fabricar veleros en España a buen precio, podía ser negocio.

Por aquel entonces, con apenas 24 años, yo no tenía ni un duro, por lo que la idea de montar un astillero ni se me pasó por la cabeza en un primer momento, pero he aquí que ese mismo verano, en Jaén, acompañé a mi suegro a comprar una cuba de tractor para regar y sulfatar sus olivos. La cuba estaba fabricada en poliéster reforzado con fibra de vidrio, tenía 6 mtrs de largo, y le costó 60.000 ptas. ( 360€ )…¡ Los mismos materiales, la misma tecnología, y el mismo tamaño de un pequeño velero, pero sólo por la décima parte de su precio…!.

Al día siguiente volví a la fabrica de cubas, y le propuse fabricar yates al dueño. Él haría los moldes, siguiendo mis indicaciones técnicas, y el coste de dichos moldes me los iría repercutiendo a lo largo de las diez primeras unidades, que a su vez también fabricaría él, con los mateiales que yo le comprase.

Empezamos los moldes en septiembre de 1994, y en un tiempo récord ya teníamos un primer barco acabado para la 33 edición del Salón Náutico de Barcelona, donde lo presentamos. La presentación fue un estrepitoso fracaso, pues nuestro barquito “made in Jaén”, estaba claro que no pintaba nada en mitad de un salón internacional, junto a grandes fabricantes mundiales como Beneteau o Jeanneau, con 112 y 63 años de experiencia respectivamente.

Nuestro barco era sencillamente un producto de tercera, comparado con los otros, pero teníamos dos ventajas:

– Primero habíamos desarrollado un sistema de fabricación que los hacía insumergibles, al tiempo que reducía el coste de fabricación. Y eso era una ventaja a explotar frente a los franceses.

– Y en segundo lugar teníamos clarísimo que los errores estaban para aprender de ellos, no para venirse abajo.

Y gracias más a lo segundo que a lo primero, diez años después, ese pequeño astillero, Astraea, era la empresa más premiada de España, copábamos nuestro sector de mercado, y era uno de los fabricantes de yates con más prestigio de Europa.

Pero todavía quedaban errores de juventud por cometer, y en 2003 di entrada en la sociedad a la Junta de Andalucía, y en 2008 vendia mis participaciones en el astillero, completamente asqueado de los políticos.

Desde entonces he seguido vinculado con la náutica, en ese otro segmento del sector, que son las lanchas a motor -hasta entonces para mí casi desconocido-, y preperando la puesta en marcha de un nuevo astillero.

Lo más caro y que más tiempo lleva conseguir, ya lo tengo, que es la homologación de Bruselas para fabricar yates de hasta 24 mtrs. y poder comercializarlos directamente en cualquier país de la Unión Europea. Tenemos también toda la tecnología e infraestructura industrial, y ya sólo nos falta el empujoncito final de Busines In Fact con el que poder financiar moldes y gastos fijos a un año.

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