El caso de la bombilla eléctrica o sólo un emprendedor le da valor social a la innovación.

La bombilla eléctrica es uno de los inventos más utilizados por el hombre desde su creación hasta la fecha. Según una lista de la revista Life es la segunda más útil de las invenciones del siglo XIX.

El invento de la lámpara incandescente se le atribuye a Thomas Alva Edison, le concedieron la patente el 27 de enero de 1880, con el número 285.898, de una bombilla incandescente, de filamento de carbono, viable fuera de los laboratorios, es decir, comercialmente viable.

Otros inventores anteriores a Edison también habían desarrollado modelos que funcionaban en laboratorio, incluyendo a Henry Woodward, Mathew Evans, James Bowman Lindsay, William Sawyer y Warren de la Rue.

El alemán Heinrich Goebel ya había registrado su propia bombilla incandescente en 1855, mucho antes que Edison. Tiempo después, el 11 de julio de 1874 se le concedió al ingeniero ruso Alexander Lodygin la patente nº 1619 para una bombilla incandescente, también utilizó un filamento de carbono.

¿Por qué reconocemos a Edison como el inventor de la “luz eléctrica” y le estaremos eternamente agradecidos por algo que mejoró sensiblemente la vida humana y propició decisivamente el avance de la sociedad y de la economía?

Por una razón muy simple: sacó el invento, lo que hoy llamamos “la innovación”, del laboratorio y la hizo “comercialmente viable”. Eso quiere decir que convirtió la innovación en algo útil, que resuelve un problema o una necesidad real, lo hace mucho mejor que lo existente hasta entonces y la gente está dispuesta a pagar por ello.

Edison fue un emprendedor, montó el negocio para fabricar industrialmente y comercializar las bombillas.

Hoy trabajamos para fomentar la innovación y el emprendimiento sobre la base de esos mismos principios.

Cuando los inversores le decimos a algunos emprendedores, consultores o profesores que la tecnología utilizada en el proyecto en sí misma no nos interesa para nada, que cualquier innovación la valoramos exclusivamente en términos de ventajas competitivas y valor real aportado al cliente por el que él es capaz de pagar, no veas las caras que ponen.

Hay un principio artístico llamado “el arte por el arte”, el creador hace su obra sin ningún contenido ni intención social concreta, sólo por hacer arte y satisfacer su vocación. Si no lo hacemos como Edison estaremos propiciando un movimiento que pudiéramos llamar de “la innovación por la innovación” y ya después veremos si vale para algo.

Hay muchos proyectos emprendedores innovadores que sí están orientados a resolver problemas y necesidades reales de sus potenciales clientes, constituyen una fuente de progreso y desarrollo para el país. Para ellos todo nuestro respeto y apoyo.

Propiciemos que surjan y tengan éxito muchos Edisons.

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